Sedes
de la Academia

© Biblioteca Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España

La Real Academia de Jurisprudencia fue calificada por Gómez de la Serna como «viajero errante».

Del domicilio particular del abogado Torremocha, en 1730, la Academia pasó al Oratorio del Salvador del Mundo, en la calle Concepción Jerónima. 

De allí a la sala de juntas de la Sacramental de San Sebastián, y luego, sucesivamente, a la Real Casa de San Felipe Neri, en la calle Bordadores, y a los Reales Estudios de San Isidro.

Desde la calle León número 34, donde celebraba sus sesiones la antigua Academia de la Purísima Concepción, la Matritense pasó a establecer su sede.

 

Esta estaba compartida con el Ateneo, en la planta baja del número 32 de la calle de la Montera, donde quedó establecida hasta 1883.

Aquel año se trasladó al señorial edificio de la calle Colmenares número 5, construido especialmente para la Academia e inaugurado por el rey Alfonso XII.

Su hijo, el rey Alfonso XIII, inauguraría en 1905 la actual sede de la calle del Marqués de Cubas, acontecimiento recordado en una lápida de mármol que puede contemplarse desde el vestíbulo.

El palacio de la calle Marqués de Cubas

La Real Academia de Jurisprudencia y Legislación tiene su sede en un palacio construido en el año 1798 por el arquitecto Manuel Martín Rodríguez (1740-1823), sobrino y discípulo de Ventura Rodríguez, y del que se conservan otros excelentes edificios en Madrid, como el convento y la iglesia de las Reparadoras, el palacio de Altamira y el Museo Romántico.

La sede de la Real Academia de Jurisprudencia ha sido declarada Monumento de Interés Cultural por Real Decreto de 27 de febrero de 1998.

 

El edificio fue construido para almacén de la Real Fábrica de Vidrio de la Granja, aunque en él llegaron a fabricarse lentes ópticas para anteojos e instrumentos de precisión.

Después de ese destino inicial, el palacio ha tenido múltiples usos y ha sido objeto de algunas remodelaciones: fue sede de la primera exposición de la Industria Española en 1828, más tarde fue compartido por la Escuela de Sordomudos y Ciegos y la Escuela de Ingenieros de Caminos, después pasó a ser Conservatorio de Artes, Dirección General de las Clases Pasivas y Caja General de Depósitos.

Fachadas y patios

En 1905 se instaló definitivamente en este palacio la Real Academia de Jurisprudencia, que había sido creada en 1730, y que desde entonces había peregrinado por diversas sedes en la capital.

El palacio tiene una planta alargada de gran desarrollo, distribuida en torno a tres patios.

La construcción fue modificada en 1886, al construirse una nueva fachada, consecuencia de la apertura de la calle de Los Madrazo.

El edificio presenta una gran sencillez de líneas en las fachadas -como es habitual en los palacios neoclásicos.

Destaca por su armonía la concavidad formada por el retranqueo de una parte de la fachada principal.

En una hornacina de esa concavidad se aloja una gran escultura que representa a la Justicia. Sobre la figura, una lápida recuerda escuetamente dos fechas destacadas en la historia de la Academia: 1730, año de su fundación, y 1905, año de su traslado a este palacio.

La portada sigue una disposición neoclásica, con balcón, frontis partido por el escudo real y columnas de piedra.

El interior del palacio

El interior del palacio conserva en gran parte la distribución originaria, y en él destacan la escalera principal, con decoración neopompeyana.

Destaca especialmente el extraordinario Salón de Actos, con cubierta de cristal, columnas de hierro fundido y balconcillos de bronce labrado.

Preside el Salón de Actos un óleo del rey Carlos III, que dictó la Real Cédula de 20 de febrero de 1763, por la que se dota a la Academia de Jurisprudencia de su primera regulación oficial.

 

El retrato real está situado bajo un dosel de terciopelo rojo, y tiene al pie la mesa presidencial.

Por la tribuna del Salón de Actos se accede a la Sala de Presidentes, en cuya cabecera cuelga otro retrato del rey Carlos III, también bajo dosel.

En la Sala de Presidentes están alineados, a modo de friso, los retratos de los juristas que han sido presidentes de la Academia en los siglos XVIII, XIX, XX y XXI.