Relación de asuntos tratados en la jornada

Felipe VI: una década de reinado

Bajo la rúbrica «Felipe VI: Una década de reinado», la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España y su Fundación Pro Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España celebró el pasado 13 de junio de 2024 en su renovado Salón de Actos una jornada en la que miembros de varias Reales Academias, Catedráticos, abogados y juristas han analizado la función institucional desempeñado por el Rey Felipe VI cuando se van a cumplir diez años de su proclamación tras la abdicación de su padre, el Rey Juan Carlos I.

El acto lo abrió el Presidente de la Fundación Pro Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España, Luis María Cazorla Prieto, quien agradeció a Manuel Pizarro, Presidente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España su disposición para acoger el acto, al tiempo que subrayó el crucial papel de la Fundación en momentos críticos de la Real Academia, a la que auxilió económicamente merced al esfuerzo y generosidad del patronazgo desarrollado por importantes despachos profesionales, una editorial jurídica y colegios profesionales. A continuación, el profesor Cazorla explicó la dinámica y el diseño de la Jornada, estructurada en tres mesas redondas constituidas por cuatro intervinientes de contrastado prestigio, así como con formación y origen académico diverso y complementario, quienes dispondrían de no más de diez minutos para exponer las ideas-fuerza de la cuestión tratada, en un esfuerzo sintético tan generoso por su parte como útil para lograr un efecto dinámico, transversal y ligado del acto.

Tras la presentación, el Académico de Número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación y Catedrático de Derecho Constitucional, Manuel Aragón, impartió la conferencia inaugural, en la que recalcó que la figura de Felipe VI representa paradigmáticamente el concepto de «Rey constitucional», recordando que, si bien el Rey debe ser neutral, ello no debe acarrear su neutralización como actor constitucional. El Magistrado emérito del Tribunal Constitucional consideró que «los españoles tienen en la Monarquía un firme asidero» para afrontar con éxito los retos futuros, «sin que sea necesaria ninguna reforma legal, como es, por ejemplo, la criticable pretensión de algunos de que se dice una ley general sobe la Corona», toda vez que la Constitución ya regula «perfectamente» el estatuto del Rey y las funciones de la Corona. Destacó, asimismo, que «el Rey es una figura esencial por el gran valor que representa para el correcto funcionamiento del entramado institucional y la pacífica convivencia ciudadana, para el mantenimiento de la democracia constitucional y para la permanencia y estabilidad del Estado y la nación», no sin advertir que este funcionamiento exige de una recíproca lealtad entre el monarca y la clase política.

Tras la ponencia inaugural, Raúl C. Cancio, Patrono de la Fundación Pro Real Academia moderó la primera mesa redonda, en la que se puso sobre el tapete la cuestión de si es o no necesaria una ley general reguladora de la Corona. A ese interrogante respondió en primer lugar Manuel Fernández-Fontecha, Letrado de las Cortes Generales, rechazando esa posibilidad con sólidos argumentos científicos, mediante los cuales explicó que la reserva constitucional y la estructuralidad de su objeto, impiden su viabilidad normativa. Por su parte, Diego López Garrido, Catedrático de Derecho Constitucional, esgrimió solventes «argumentos jurídicos, institucionales y políticos que justifican que no haya una ley para la Corona», apuntó, por otra parte, sus dudas en cuanto a la idoneidad de que fuere el monarca el que pronunciara el Mensaje Institucional del 3 de octubre de 2017. Benigno Pendás, Presidente de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, desde un prisma histórico-político alertó al auditorio sobre los riesgos de la «inflación legislativa» coincidiendo con sus colegas de debate en la innecesaridad de «la ley de la Corona, porque la Constitución sólo establece ese formato para cubrir decisiones puntuales, como fue la abdicación», cuya ley consideró un ejemplo de orfebrería legislativa; insistió también en que «no cabe una ley general de la Corona, no sólo por razones jurídicas, sino por razones políticas (…)Todo lo que debe decirse de la Corona está ya en la Constitución». Terminó su intervención equiparando democracia con monarquía y calificando a Felipe VI como un «Rey servidor e ilustrado» en la línea de su antecesor Carlos III. Esta primera mesa redonda la cerró el Académico de Número de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, Francesc de Carreras, quien desarrolló un análisis de la legitimidad de origen de la monarquía y su encaje constitucional, que, además, sirvió de oportuno vínculo narrativo con el contenido de la siguiente mesa de debate.

En efecto, Ignacio Astarloa, Académico de Número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España, fue el encargado de moderar el panel dedicado a la legitimación por ejercicio de la institución monárquica, en el que Emilio Lamo de Espinosa, Académico de Número de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, señaló que el Mensaje Institucional del 3 de octubre de 2017«debía haberlo pronunciado Mariano Rajoy y no el Rey, pero que, en todo caso, si no fuese por su valiente mensaje, no estoy seguro de que Rajoy se hubiese decidido a parar el golpe de Estado y aplicar el 155»; añadió como  «Por segunda vez, el Rey defendiendo la democracia», en referencia a la intervención del Rey Juan Carlos durante el golpe de Estado del 23-F. Ofreció asimismo una perspectiva sociológica de la década regia; señaló que «cuando todo falla, siempre queda el Rey», y destacó entre las decisiones más delicadas que tuvo que adoptar las dirigidas a separarse del pasado «tóxico» que había contaminado el reinado de su padre, con medidas drásticas y «muy dolorosas personalmente» pero «necesarias». Por su parte, el Académico de Número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España, Pedro González-Trevijano destacó en su intervención «la ejemplaridad del Rey Felipe VI, cumpliendo eficazmente su legitimidad en el ejercicio, siendo un escrupuloso Rey constitucional». Durante su exposición, recordó el canon de ejemplaridad regia contenido en el pasaje del jardinero del Ricardo II shakesperiano, y dio mucho valor a la compleja labor de Felipe VI de categorización de marcos y tradiciones difícilmente cohonestables en la sociedad actual; citó también una frase del propio Rey que, desde su punto de vista le define, cuando dijo: «Si tengo alguna duda, me agarro a la Constitución y no la suelto». La Catedrática de Derecho Constitucional Yolanda Gómez enmarcó su ponencia en las acentuadamente difíciles circunstancias en las que ha tenido que desarrollar su reinado Felipe VI, tanto desde una perspectiva política, institucional como incluso familiar. La profesora Gómez hizo hincapié en el destacado papel del Rey en estos diez años en los ámbitos de la cultura, el deporte y la sociedad civil, deteniéndose en la relación de la Familia Real y la propia Corona con las redes sociales. Por último, José Luis García Delgado, Académico de Número de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, consideró el desempeño de sus funciones por Felipe VI como «factor de estabilidad» en el que considera «decenio más difícil de nuestra democracia», por encima incluso de periodos tan oscuros como los años de plomo del terrorismo etarra o el golpe de Estado de 1981, puesto que tras esos episodios se abrió un periodo de convivencia esperanzador. La Corona, aseguró, «ha sido el gran factor de estabilidad, desempeñando ejemplarmente sus funciones, ha sido la institución que más ha alentado la actitud de acuerdo».

La última de las mesas redondas, moderada por el Académico de Número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España, Tomás Ramón Fernández, tuvo por objeto analizar los poderes del Rey constitucional. Abrió el debate la Patrono de la Fundación Pro Real Academia Piedad García -Escudero, quien ofreció un pormenorizado análisis el papel del Rey en el delicado episodio de propuesta de candidato a la Presidencia de Gobierno que desembocó en la primera repetición de elecciones de la historia de nuestra democracia; puso también de relieve las graves dificultades político-institucionales a las que tuvo que enfrentarse el Jefe de Estado en estos años. Alfredo Pérez de Armiñán, Académico de Número de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, centró sus palabras, en la diferencia entre hard y soft power en el desempeño regio; distinguió entre auctoritas y potestas y diferenció el alcance de la intervención del Rey en razón de que aquella fuere de índole ordinaria (discurso del 3 de octubre de 2017) o extraordinaria (discurso de la noche del 23 de febrero de 1981). Puso también sobre la mesa que la gran amenaza para la convivencia radica en ese escenario en el que los llamados a defender el orden constitucional son precisamente las más lacerantes amenazas para el mismo. Por otra parte, Eduardo Torres-Dulce, Académico de Número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España, tras reflexionar sobre el concepto de poder, consideró ineludible para comprender los poderes constitucionales del Rey, la aplicación de una hermenéutica sistemática de los artículos 62 y 63 de la Constitución Española junto el mapa de ruta que contempla el artículo 56.1 de la Norma Fundamental, lo que nos ofrece una visión tan gráfica como acertada de las potencialidades  regias: «el Jefe de Estado está atrapado en la Constitución», sin que, citando al profesor Díez-Picazo, deba considerarse las competencias de esos artículos un numerus clausus pétreo e inamovible. Subrayó también la función simbólica del monarca, cuyo «no-poder» «anima, advierte y aconseja». La Académica de Número de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas de España, Araceli Mangas, centró su intervención en el reconocimiento que el artículo 56 de la Constitución Española dispensa al Rey como la más alta representación del Estado español en las relaciones internacionales, especialmente con las naciones de su comunidad histórica. Glosó la participación del monarca en esta década en los acontecimientos más notables a nivel internacional y dio la estabilidad y previsibilidad que la monarquía brinda en el ámbito de las relaciones supranacionales. Se lamentó, por fin, del apreciable retroceso en el nivel y calidad de las tradicionalmente inmejorables relaciones entre España y las repúblicas iberoamericanas en estos últimos años, así como la inadmisible orfandad institucional que el Jefe de Estado ha tenido que soportar en alguno de estos viajes, vulnerándose además el deber de refrendo que todo acto debido del Rey acarrea.

Fue momento muy sobresaliente del acto la intervención del Patrono de la Fundación Pro Real Academia y ponente de la Constitución Española, Miquel Roca y Junyent, que inició sus palabras advirtiendo que no iba a hacer «ningún elogio de su majestad. El mayor elogio es que ha cumplido con su obligación y su misión», persuadido de que la monarquía es una institución plenamente consolidada y que ha cumplido un papel relevante ante la «obligación constitucional de ponerse de acuerdo». Añadió que la Corona es el elemento que garantiza la normalidad institucional en España, y ha sido el «ejemplo del consenso más importante que hemos practicado jamás», puesto que llegó a la democracia «con muchas renuncias», se consolidó con su ejemplar ejercicio y es elemento esencial de la normalidad institucional. Recalcó que, tras más de cuarenta y cinco años vigente, la Norma Fundamental «funciona», y afirmó que es un error dar por muerta la Transición. Concluyó sus palabras agradeciendo y felicitando a la Real Academia y a su Fundación por promover debates rigurosos sobre una institución tan vertebradora de la sociedad española como es la Corona. 

El cierre al acto fue a cargo de Manuel Pizarro, Presidente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España, quien además de felicitarse por la calidad y excelencia intelectual del acto, transmitió su agradecimiento a todos los ponentes; a la Casa del Rey representada por su Secretario General, don Domingo Martínez Palomo, presente en el Salón de Actos a lo largo de toda la Jornada; a la labor impulsora y organizativa de la Fundación Pro Real Academia, representada por Luis María Cazorla, así como al resto de Academias presentes en el acto. Recordó también que el monarca es el Rey Patrono de todas ellas.